“Si presentas lo que está dentro de ti, lo que está dentro de ti te salvará. Si no presentas lo que está dentro de ti, lo que no presentes te destruirá”
Jesús. Evangelio de Tomás
Todos nos hemos encontrado en la vida situaciones que nos paralizan, en las que no sabemos reaccionar y que muchas veces nos desvalorizamos por no haber respondido ante un acontecimiento y nos conectamos con la frustración y la rabia. Pero a éstas situaciones todos estamos expuestos y se llama Shock.
El shock está en nuestro sistema nervioso; es la memoria de unas experiencias desbordantes de nuestra infancia. En un momento, algo nos conecta con una emoción tan fuerte ante la que no reaccionamos, no decimos, no hacemos, un nada, nos quedamos congelados.
Y ante esta respuesta de nuestro sistema nervioso, tenemos que tener mucho amor, nada de exigencias, ni reproches, ni nada que se parezca. Sólo amor hacia nosotros y hacia es@ niñ@ que todos llevamos dentro que de pronto se siente perdid@ y nadie la apoyó, la sostuvo, le dio las herramientas que necesitaba.
Para sanar nuestro shock necesitamos bajar el ritmo, no presionarnos, enraizarnos en el cuerpo, sentir nuestra sensibilidad (en lugar de taparla, juzgarla y rechazarla). Ahora desde el adulto que somos podemos trabajarlo. El amor incondicional hacia nosotros es lo que nos ayudará a cuidarnos y a sostenernos en momentos de shock. Amor, paciencia y vulnerabilidad.

